
A lo largo del 2003, las ONGs ambientalistas asestaron, por vía indirecta, dos estocadas estridentes contra los plásticos en los EUA. En el primer semestre, en un frente articulado con lobbistas de ductos metálicos, dichas entidades presionaron a la municipalidad de Nueva York para que prohibiese el uso de tubos plásticos para la tubería de agua. La ofensiva quedó restringida a un alarido pasajero pues carecían de base científica respecto de las acusaciones de riesgo ambiental. La otra investida afloró a finales de Octubre, cuando el Consejo Municipal de Boston recomendó a la municipalidad que evitase la compra de productos que contuvieran cloro para reducir la contaminación causada por las dioxinas, suavizando un texto que originalmente prohibía la compra de materiales de construcción y de oficina moldeados con policloruro de vinilo (PVC).
Derivadas del cloro, oxígeno, hidrógeno y carbono, las dioxinas pueden generarse en un rango de temperatura que abarca de los 250 a los 400º C, en condiciones pobres de combustión y otras situaciones específicas, dependiendo del proceso en cuestión que puede ser natural (ejemplo de quemadas) o incluso industrial. La ligación dañina de las dioxinas con el PVC, constantemente enarbolada por las ONGs, se basa en el hecho que ambos provienen del cloro, así como la referencia a materiales de construcción de acuerdo a la versión inicial de la resolución da una aguijonada en el polímero por el flanco del mercado que abarca el 70% del consumo mundial. El hecho, sin embargo, es que estadísticas realizadas por la Agencia de Protección Ambiental de los EUA (EPA) comprueban y atestiguan oficialmente que la industria del cloro, PVC incluso entre muchos derivados, es una fuente mínima de dioxinas, menos del 1% del total que se lanza en la atmósfera americana. Los principales generadores de dioxinas, lista la EPA, son los incendios y quemadas sin control, que se tornaron rutinarios en California.
Insuflada por las ONGs, la decisión de Boston es, por lo tanto, de naturaleza política, sin ningún fundamento técnico/ científico. La experiencia muestra que medidas como la del consejo de Boston convergen hacia daños económicos y, no ambientales, debido a la opción tomada por alternativas menos estudiadas que el PVC, cuando no más caras y con peor desempeño. Tarde o temprano, estos entes reguladores se percatan de la realidad y revocan este parecer absurdo. Fue lo que en el 2002 hizo el consejo municipal de Bonn (Alemania) al retirar la resolución expedida seis años antes contra productos de PVC para obras públicas.
Paralelamente a los frustrados intentos del pasado, la hipótesis de transferir a la realidad brasileña este tipo de presión ambientalista no se sustenta por la propia falta de pruebas técnico/ científicas de la denuncia. Lo que no significa que la ofensiva se entibie pues, como demuestra el beneplácito del consejo municipal de Boston, hay organizaciones activistas cada vez más influyentes, además de fuertes lobbies de sectores industriales competidores del PVC. Es por este motivo que la cadena del PVC en el Brasil se ha fortalecido adoptando una conducta proactiva de comunicación.
En la contracorriente, el sector del PVC confirma haber aprendido mucho de los errores cometidos en el pasado, en particular con respecto a la alienación. La prensa, por ejemplo, ha recurrido con regularidad al Instituto del PVC para temas que se refieren a la resina o al plástico como un todo, caso del debate este año con Greenpeace, transmitido en vivo por la Radio Eldorado (SP). Lo mismo vale para la convivencia establecida con entidades gubernamentales como el Ministerio del Medio Ambiente, al cual enseguida nos ofrecemos formalmente como colaboradores, anulando eventuales intenciones de activistas do alta jerarquía de posicionarse políticamente contra el PVC. Siguiendo este mismo camino y en sintonía con el discurso del gobierno, el Instituto entregó, en el mes de Junio a las autoridades del trabajo la "Contribución del PVC para el Desarrollo Sostenible", primer estudio en su género en el país firmado por representantes de materias primas, ya sean naturales o sintéticas (http://www.institutodopvc.org/dspvc.htm).
Estas medidas tomadas por el Instituto do PVC, así como su posicionamiento no deben interpretarse como encomio a sí mismo. Su mención objetiva realzar la urgencia con la cual los canales del sector plástico y químico deben alejarse de un comportamiento invariablemente reactivo e infructífero. Algunas cosas, dicho sea de paso, ya han comenzado a cambiar y para mejor. Denotamos, por ejemplo, que las nuevas generaciones de emprendedores recurren cada vez menos a la promoción de una resina en detrimento de otra como argumento de venta. Es un indicio singular de unión y diligencia que evidencia la industria, para con la imagen institucional del plástico.
Fuente: Plásticos em Revistas,
*por Francisco de Assis Esmeraldo, Presidente do Instituto do PVC, nov/2003.
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